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John Kotter: Lo que de verdad hacen los líderes

EL LIDERAZGO ES DIFERENTE DE LA GESTION, pero no por los motivos que piensa la mayoría de la gente. El liderazgo no es algo místico y misterioso. No tiene nada que ver con tener “carisma” o cualquier otro rasgo exótico de la personalidad. No es el dominio de los elegidos. El liderazgo tampoco es necesariamente mejor que la gestión, ni sirve para sustituirla. Por el contrario, el liderazgo y la gestión son dos métodos de actuar diferentes y complementarios. Cada uno ...

La felicidad según Harvard

  por Teresita Quezada Galarza UNA de las conclusiones más emblemáticas de felicidad viene de un lugar inusual: las autobiografías de juventud de monjas. A fines de los 90, más de 670 monjas de la congregación Escuela de Hermanas de Notre Dame aceptaron participar en un gran estudio del alzheimer. En el llamado Estudio de monjas, ellas harían el generoso sacrificio de hacer distintas tareas, prestarse para ejercicios, exámenes y mediciones de todo tipo, les permitían a los investigadores revisar sus documentos y ...

La tranquilidad que muestran los japoneses tiene bases milenarias

El respeto hacia los otros, dar el máximo esfuerzo siempre y no temer a la adversidad les ayuda a enfrentar ésta y otras crisis. B. Villa y Y. Kiessling Las imágenes del terremoto y maremoto en Japón no sólo han llamado la atención por la magnitud del daño, sino también por el estoicismo que ha mostrado su pueblo luego de la tragedia. A diferencia de Chile y otros países que han vivido catástrofes similares, los nipones han sido capaces de mantener la ...

Discurso de Steve Jobs en Standford

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The Last Castle, un ejemplo de liderazgo

Hollywood puede significar muchas cosas para muchas personas. Entretención, industria, poca profundidad y un sinnúmero de adjetivos que pueden ir en su favor y también en su contra. Sin embargo, de vez en cuando nos da ejemplos muy precisos de aspectos y motivaciones humanas. Uno de los factores más utilizados en las películas de Hollywood es, sin duda, el liderazgo. Miles de películas, buenas, regulares y malas, nos muestras de una y otra manera diferentes tipos de liderazgo. Corazón Valiente, El ...

John Kotter: Lo que de verdad hacen los líderes

EL LIDERAZGO ES DIFERENTE DE LA GESTION, pero no por los motivos que piensa la mayoría de la gente. El liderazgo no es algo místico y misterioso. No tiene nada que ver con tener “carisma” o cualquier otro rasgo exótico de la personalidad. No es el dominio de los elegidos. El liderazgo tampoco es necesariamente mejor que la gestión, ni sirve para sustituirla.

Por el contrario, el liderazgo y la gestión son dos métodos de actuar diferentes y complementarios. Cada uno tiene su propia función y sus actividades características. Ambos son necesarios para el éxito en el entorno empresarial actual.

La dirección se ocupa de hacer frente a la complejidad. Sus prácticas y procedimientos son en gran medida una respuesta a la aparición en el siglo XX de grandes y complejas organizaciones. El liderazgo, por el  contrario, se ocupa del cambio. Una de las razones por las que el liderazgo ha adquirido importancia  en los últimos años es que el mundo empresarial es cada vez más competitivo y volátil. Cuanto más cambios, más liderazgo se necesita.

En la actualidad, la mayoría de las corporaciones estadounidenses tienen exceso de gestión y escasez de liderazgo. Necesitan desarrollar su capacidad de ejercitar el liderazgo. Las sociedades con éxito no esperan a que aparezcan los líderes espontáneamente. Buscan activamente personas con potencial de liderazgo y les exponen a experiencias profesionales diseñadas para desarrollar ese potencial. De hecho, con una cuidadosa selección, formación y estímulo, docenas de personas pueden desempeñar una importante función de liderazgo en una organización empresarial.

Pero mientras mejoran su capacidad de liderar, las empresas deberían recordar que un liderazgo fuerte con una directiva débil no es mejor, y en ocasiones puede llegar a ser pero, que lo contrario. El verdadero reto pasa por combinar un liderazgo fuerte con una gestión fuerte y conseguir que ambos se equilibren entre sí.

Por supuesto, no todo el mundo puede ser bueno como líder y como director. Algunas personas tienen la capacidad de llegar a ser extraordinarios gestores, pero nunca será líderes fuertes. Otras tienen un gran potencial de liderazgo, pero, por una serie de razones, tienen dificultades en convertirse en gestores eficientes. Las empresas inteligentes valoran a los dos tipos de personas, y se esfuerzan para conseguir que se integren en su equipo.

De todas formas, cuando se trata de preparar a personas para que desempeñen funciones ejecutivas, estas empresas hacen bien en desentenderse de las recientes teorías que afirman que una persona no puede gestionar y liderar. Por el contrario, intentan crear líderes-gestores. Cuando las empresas comprenden las diferencias fundamentales entre la gestión y el liderazgo, pueden empezar a preparar a sus mejores empleados para que ofrezcan ambas.

La diferencia entre la gestión y el liderazgo

La gestión se ocupa de hacer frente a la complejidad. Sus prácticas y procedimientos son, en gran medida, una respuesta a uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX: la aparición de las grandes corporaciones. Sin una buena gestión las empresas complejas tienden al caos, llegando a poner en peligro su propia existencia. La buena gestión aporta un toque de orden y coherencia en dimensiones esenciales, como la calidad y la rentabilidad de los productos.

El liderazgo, por el contrario, se ocupa del cambio. Uno de los motivos por los que el liderazgo ha adquirido importancia en los últimos años tiene que ver con que el mundo empresarial se ha hecho más competitivo y más volátil. Los cambios tecnológicos rápidos, la mayor competencia internacional, la liberalización de los mercados, la saturación de los sectores intensivos en capital, un cártel petrolífero inestable, los tiburones financieros armados con bonos basura y la demografía cambiante de la fuerza laboral se encuentran entre los numerosos factores que han contribuido a este cambio. El resultado neto es que hacer lo que se hacía en el pasado, o hacerlo un 5% mejor, ya no sirve para conseguir el éxito. Cada vez son necesarios cambios fundamentales para sobrevivir y competir con eficacia en este nuevo entorno.

Más cambios requieren más liderazgo.

Considere una sencilla analogía militar: un ejército en tiempo de paz puede sobrevivir con una buena administración y una buena dirección en los diversos niveles de la jerarquía, en combinación con un buen liderazgo concentrado los niveles superiores. En época de guerra, sin embargo, necesita un liderazgo competente en todos los niveles. Nadie ha encontrado la manera de gestionar con eficacia a los soldados en medio de una batalla; es necesario liderarlos.

Estas dos funciones tan diferentes –ocuparse de la dificultad y ocuparse del cambio- determinan las actividades características de la gestión y el liderazgo. Cada método de acción tiene que decidir lo que se ha de hacer, crear redes de personas y relaciones que puedan llevar a cabo un programa y después tratar de que esas personas hagan realmente el trabajo. Pero cada uno realiza estas tres tareas de forma diferente.

Las empresas gestionan la complejidad, en primer lugar, mediante la planificación y la elaboración de presupuestos; fijando objetivos o metas para el futuro (habitualmente para el año o el mes siguiente), estableciendo etapas detalladas para alcanzar los objetivos y después asignando recursos para llevarlos a cabo. Por el contrario, a la hora de liderar una organización para que ponga en práctica un cambio constructivo se debe de empezar por fijar una orientación: elaborando una visión de futuro (a menudo, del futuro lejano) junto con las estrategias que permitan introducir los cambios necesarios para alcanzar esa visión.

En el campo de la gestión, la capacidad para realizar este plan se desarrolla mediante la organización y la dotación de personal: cuando una estructura de organización y un conjunto de puestos de trabajo para cumplir los requisitos del plan, poniendo en esos puestos a estas personas, delegando la responsabilidad para la ejecución del plan, e ideando sistemas para controlar esa ejecución. Por otra parte, la actividad equivalente en la esfera del liderazgo es la coordinación de personas. Esto significa comunicar la nueva orientación a las personas que puedan formar coaliciones, comprendan la visión y se comprometan a alcanzarla.

Por último, la gestión asegura la realización del plan mediante el control y la resolución de problemas: comparando con cierto detalle los resultados con el plan original, tanto formal como informalmente, mediante informes, reuniones y demás instrumentos; analizando las desviaciones; y después planificando y organizando para resolver los problemas. En el caso del liderazgo, para alcanzar la visión hace falta motivación e inspiración: consiguiendo que las personas avancen en la dirección adecuada, a pesar de los grandes obstáculos que dificulten el cambio, apelando a las necesidades, emociones y valores humanos básicos, que tantas veces se desaprovechan.

Un examen más a fondo de cada una de estas actividades servirá para aclarar las aptitudes que necesitan los líderes.

Fijar una orientación en contraste con planificar y presupuestar

Puesto que la función de liderazgo consiste en provocar el cambio, determinar la orientación de dicho cambio es fundamental para el liderazgo.

Fijar la orientación nunca es lo mismo que planificar, ni siquiera a largo plazo, aunque e frecuente que se confundan las dos cosas. Planificar es un proceso de gestión, de naturaleza deductiva, que está diseñado para obtener unos resultados esperados, no un cambio. Fijar una orientación es un proceso más inductivo. Los líderes reúnen una amplia gama de datos, y buscan pautas, relaciones y vínculos que ayuden a explicar las cosas. Lo que es más, la fijación de la orientación en el ámbito del liderazgo no da lugar a planes; crea visiones y estrategias que describen a la empresa, la tecnología o la cultura empresarial en términos de lo que debería ser a largo plazo y articula una forma factible de conseguir ese objetivo.

La mayoría de los debates sobre la visión tienden a degenerar hacia la mística. LO que se quiere dar a entender es que la visión es algo misterios o, que los simples mortales, aunque tengan talento, nunca pueden esperar tener. No obstante, avanzar por la buena dirección empresarial no es algo mágico. Es un proceso difícil, en ocasiones agotador, de recogida y análisis de información. Las personas que articulan estas visiones no son magos, sino pensadores estratégicos de aspectos generales, que está dispuestos a correr riesgos.

Tampoco hace falta que las visiones o las estrategias sean innovaciones brillantes; de hecho, algunas de las mejores no lo son. Las visiones empresariales eficaces suelen tener características casi tópicas; es frecuente que se trate de ideas trilladas. La articulación concreta o su ordenación de las ideas puede ser nueva, pero en ciertos casos, ni siquiera es así.

Por ejemplo, cuando el consejero delegado Jan Carlzon plasmó su visión para hacer de Scandinavian Airlines (SAS) la mejor línea aérea del mundo para el viajero que se desplazaba con frecuencia por trabajo, no estaba diciendo nada que no supiese nadie que trabajase en el sector de las líneas aéreas. Los pasajeros por motivos de trabajo viajan con más frecuencia que los pertenecientes a cualquier otro segmento de mercado, y normalmente están dispuestos a pagar mayores tarifas De modo que centrarse en los clientes de empresa ofrece a una línea aérea la oportunidad de obtener unos márgenes más elevados, un volumen constante consciente de negocio y un considerable crecimiento. No obstante, en un sector más conocido por su burocracia que por la visión, ninguna empresa había combinado estas ideas ni las había puesto en práctica. SAS lo hizo, y funcionó.

Lo más importante sobre una visión no es una originalidad, sino lo adecuada que resulte a los intereses de los principales grupos a los que dirige –clientes, accionistas, empleados – y la facilidad con la que se pueda convertir en una estrategia competitiva realista. Las visiones deficientes suelen pasar por alto las necesidades y los derechos legítimos de importantes grupos de implicados, favoreciendo, por ejemplo, a los empleados sobre los clientes o los accionistas. O son insensatas en el plano estratégico. Cuando una empresa que nunca ha sido mejor que un mal competidor empieza a hablar de convertirse en el número uno del sector, eso es un sueño imposible, no una visión.

Uno de los errores más frecuentes que las empresas excesivamente gestionadas y deficientemente lideradas suelen cometer es el de adoptar la “planificación a largo plazo” como la panacea para su falta de dirección y su incapacidad de adaptación a un entorno empresarial cada vez más competitivo y dinámico. Pero este enfoque malinterpreta la naturaleza del proceso de fijación de la orientación, y nunca funciona.

La planificación a largo plazo siempre exige mucho tiempo. Y siempre que ocurre algo inesperado, es necesario rehacer los planes. En un entorno empresarial dinámico, lo inesperado se convierte frecuentemente en la norma, y la planificación a largo plazo se puede convertir en una actividad terriblemente engorrosa. Éste es el motivo por el cual la mayoría de las empresas que tienen éxito limitan el marco temporal de sus actividades de planificación. De hecho, algunas incluso consideran que los términos “planificación y a largo plazo” son una contradicción.

En una empresa sin orientación, hasta la planificación a corto plazo se puede convertir en un agujero negro capaz de absorber una cantidad infinita de tiempo y energía. Sin visión y sin estrategia que impongan límites al proceso de planificación, o que lo guíen, cualquier eventualidad se hace merecedora de un plan. En estas circunstancias, la planificación de contingencias puede prolongarse hasta el infinito, robando dinero y atención a actividades más importantes, y sin ni siquiera proporcionar la sensación clara de dirección que todas las empresas necesitan desesperadamente. Después de un tiempo, los directivos acaban desarrollando un sentimiento de cinismo hacia todo esto, y el proceso de planificación puede degenerar en un juego extraordinariamente politizado.

La planificación funciona mejor cuando no es sustitutivo de la fijación de la orientación, sino su complemento. Un proceso adecuado de planificación es útil para comprobar la realidad en las actividades de fijación de orientación. De la misma manera, un proceso así proporciona un núcleo en el que entonces se puede desarrollar una planificación realista. Ayuda a aclarar qué tipo de planificación es esencial y qué tipo es irrelevante.

Coordinar a las personas en contraste con organizar y dotar de personal

Una característica esencial de las organizaciones moderna es la interdependencia, que hace que nadie tenga una autonomía completa, que la mayoría de los empleados estén unidos a muchos otros por su trabajo, la tecnología, los sistemas de gestión y la jerarquía. Estos vínculos plantean uno de los principales retos a los que se enfrenta una organización cuando quiere introducir un cambio. Cuando tienen que moverse, las personas que están agrupadas, salvo que estén coordinadas y avancen en la misma dirección, suelen empujarse y caer unas sobre otras. Para los ejecutivos que están excesivamente preparados en la gestión y poco en el liderazgo, la idea de conseguir que las personas avancen en la misma dirección es un problema de organización. Sin embargo, lo que los ejecutivos deben hacer no es organizar a las personas, sino coordinarlas.

Los directivos “organizan” para crear sistemas humanos que puedan poner en práctica planes tan precisa y eficazmente como sea posible. Para conseguirlo, lo normal es que haya que adoptar una serie de decisiones potencialmente complejas. La empresa debe definir una estructura de los puestos de trabajo y las relaciones de dependencia; dotarla con las personas adecuadas para esos puestos; facilitar formación a los que la necesiten; comunicar los planes a la fuerza laboral; y decidir cuánta autoridad se va a delegar y a quién. También es necesario crear incentivos para llevar a cabo el plan, así como sistemas para controlar su ejecución. Estas valoraciones de la organización son muy similares a las decisiones arquitectónicas. Es una cuestión de encaje en un contexto determinado.

Coordinar es diferente. Es más un desafío de comunicación que un problema de diseño. En primer lugar, coordinar siempre implica hablar con muchas más personas de lo que suele implicar la organización. El grupo objetivo puede incluir no solo los subordinados del director, sino también sus jefes, sus colegas, el personal de otras partes de la organización, así como los proveedores, los funcionarios de la Administración o incluso los clientes. Cualquiera que pueda ayudar a poner en práctica la visión y las estrategias, o pueda bloquear su ejecución, es relevante.

Tratar de conseguir que las personas comprendan una visión de un futuro alternativo es también un desafío de comunicación de una magnitud completamente diferente de la de organizarlas para que realicen un plan a corto plazo. Es muy parecido a la diferencia que existe entre un entrenador de fútbol explicando las dos o tres jugadas siguientes y sus explicaciones sobre un enfoque totalmente nuevo de juego que se va a aplicar durante la segunda mitad de la temporada.

No quiere decir que porque los mensajes, transmitidos con muchas palabras o con unos pocos símbolos cuidadosamente elegidos, hayan sido entendidos sean aceptados automáticamente. Otro desafío importante en los esfuerzos de liderazgo es el de la credibilidad: conseguir que las personas se crean el mensaje. Hay muchos factores que influyen en la credibilidad; el historial de la persona que lanza el mensaje, el contendió del mensaje, la reputación de integridad y fiabilidad del comunicador y la coherencia entre las palabras y los hechos.

Por último, la coordinación conduce a la delegación de autoridad de una forma que es difícil de encontrar en la gestión. Uno de los motivos por los que algunas organizaciones tienen dificultades para ajustarse a los cambios rápidos de los mercados o de la tecnología es que muchas personas de esas empresas se sienten relativamente desvalidas. La experiencia les ha enseñado que aunque perciban adecuadamente cambios externos importantes y después inicien las acciones adecuadas, son vulnerables ante cualquiera que esté por encima de ellas al que no le guste lo que han hecho. Las reprimendas pueden adoptar muchas formas diferentes: “Eso va contra las normas”,o “No nos lo podemos permitir”, o “Cállate y haz lo que te han dicho”.

La coordinación permite superar este problema, delegando autoridad en las personas por lo menos de dos formas. En primer lugar, cuando se ha transmitido una sensación clara de dirección a toda la organización, los empleados de nivel inferior pueden iniciar acciones sin sentirse tan vulnerables. Siempre que su comportamiento sea coherente con la visión, los superiores tendrán más dificultades para reprenderles. En segundo lugar, como todo el mundo aspira al mismo objetivo, es menos probable que la iniciativa de una persona sea detenida porque entra en conflicto con la de otro.

Motivar a las personas en contraste con controlar y resolver problemas

Puesto que el cambio es la función del liderazgo, ser capaz de generar un comportamiento enérgico es importante ara hacer frente a las barreras inevitables al cambio. De la misma manera que la fijación de la orientación determina un camino adecuado para el movimiento, y de la misma manera que una coordinación eficaz hacen que las personas avancen por él, la motivación adecuada asegura la energía necesaria para superar los obstáculos.

Según la lógica de la gestión, los mecanismos de control comparan el comportamiento del sistema con el plan y toman medidas cuando se detectan desviaciones. En una fabrica bien gestionada, por ejemplo, esto significa que el proceso de planificación establece unos objetivos de calidad sensatos, el proceso organizador crea una organización que permita alcanzar esos objetivos, y el proceso de control garantiza que los fallos de calidad se detecten de inmediato, y no en un plazo de treinta o sesenta días, y se corrijan.
Por algunas de las mismas razones por las que el control es tan importante para la gestión, un comportamiento muy motivado o genial es prácticamente irrelevante. Los procesos de gestión deben de ser tan seguros y exentos d riesgo como sean posibles. Esto significa que no pueden depender de algo que sea infrecuente o difícil de lograr. El objetivo de los sistemas y estructuras consiste en ayudar a las personas normales, que se comportan de forma normal, a completar sus trabajos ordinarios con buenos resultados, días tras días. No es excitante ni atractivo. Pero en eso consiste la gestión.

El liderazgo es diferente. Conseguir llevar a cabo grandes visiones siempre requiere un estallido ocasional de energía. La motivación y la inspiración dan energía a las personas, no impulsándolas en la dirección adecuada, como hacen los mecanismos de control, sino satisfaciendo necesidades básicas de éxito, un sentimiento de comunidad, aprecio y autoestima, una sensación de control sobre su vida y la capacidad de estar a la altura de los ideales personales. Estos sentimientos nos emocionan profundamente y provocan una respuesta intensa.

Los buenos líderes motivan a las personas de muchas maneras. En primer lugar, siempre articulan la visión de la organización de forma que acentúe los valores de la audiencia a la que se dirigen. Esto hace que el trabajo sea importante para esas personas. Los líderes también implican a las personas en la decisión sobre la forma de llevar a cabo la visión de la organización (o en la parte más relevante para una persona determinada). Esto les da sensación de control. Otra importante técnica de motivación consiste en apoyar los esfuerzos de los empleados para poner en práctica la visión, ofreciéndoles formación, información y sirviendo de modelo, con lo que se ayuda a las personas a desarrollarse profesionalmente y a mejorar su autoestima. Por último, los buenos líderes aprecian y recompensan el éxito, lo que no sólo da a las personas una sensación de éxito, sino que también les hace sentir que pertenecen a una organización que se preocupa de ellos. Cuando se ha hecho todo esto, el trabajo se convierte en algo motivador por sí mismo.

Cuanto más característico del entorno empresarial sea el cambio, más deberán motivar los líderes a las personas para que también ofrezcan liderazgo. Cuando esto se consigue, el proceso suele reproducirse, trasladando el liderazgo a todos los niveles de  organización. Esto es una característica muy valiosa, porque hacer frente al cambio en cualquier actividad compleja exige iniciativas de múltiples personas. Si no, no se consigue nada.

Por supuesto, el liderazgo proveniente de diversas fuentes no tiene por qué ser convergente. Al contrario, es muy probable que genere conflictos. Para que múltiples funciones de liderazgo puedan trabajar juntas, las acciones de las personas tienen que estar cuidadosamente organizadas por mecanismos diferentes de los que organizan las funciones de gestión tradicionales.
Las redes de relaciones informales con vínculos fuertes –del tipo que se suelen encontrar en empresas con culturas saludables – ayudan a organizar las actividades de liderazgo de forma muy similar a la que emplea  la estructura formal para organizar las actividades de gestión. La principal diferencia es que las redes informales pueden hacer frente al aumento de exigencias de organización asociado con las actividades no rutinarias y con el cambio. La multitud de canales de comunicación y la confianza entre las personas conectadas por estos canales permite un proceso constante de acomodación y adaptación. Cuando surgen conflictos entre funciones, esas mismas relaciones ayudan a resolverlos. Tal vez lo más importante sea el hecho de que este proceso de diálogo y acomodo puede generar visiones conectadas y compatibles entre sí, en vez de desconectadas y competidoras. Todo ello requiere una comunicación mucho mayor de la que puede hacer falta para organizar las funciones de  gestión, pero, a diferencia de las estructuras formales, las redes informales con vínculos fuertes pueden controlarlo.

Por supuesto, en todas las empresas existen relaciones informales de algún tipo. No obstante, es muy frecuente que estas redes sean muy débiles –algunas personas están muy bien conectadas, pero la mayoría no lo están- o que estén muy fragmentadas –existe una red con fuertes conexiones dentro del grupo de Marketing o de I+D, pero no entre los dos departamentos. Estas redes no son adecuadas para soportar iniciativas de liderazgo múltiples. De hecho, las redes informales extensas son tan importantes que, si no existiesen, su creación tendría que ser el objetivo de las iniciativas de liderazgo.

Crear una cultura de liderazgo

A pesar de la importancia creciente que tiene el liderazgo para el éxito de las empresas, las experiencias laborales de la mayoría de las personas parecen socavar el desarrollo de los atributos que hacen falta para ejercerlo. No obstante, algunas empresas han demostrado de manera consistente su capacidad para convertir a las personas en líderes-gestores destacados. Contratar a personas con potencial de liderazgo no es más que el primer paso. Igual de importante es dirigir sus carreras profesionales. Las personas que son eficaces en las funciones de liderazgo fundamentales suelen compartir unas cuantas experiencias profesionales.

Puede que la más habitual y la más importante sea la de haber sido expuestas a un gran desafío al principio de su carrera. En su juventud, con veinte y treinta años, los líderes casi siempre han tenido oportunidades de liderar realmente, de asumir riesgos y de aprender de los éxitos y los fracasos.  Este aprendizaje parece esencial para desarrollar un gran número de habilidades y perspectivas de liderazgo. También enseña a las personas algo sobre la dificultad del liderazgo y sobre su potencial para generar cambio.

En un momento posterior de su carrera profesional tiene lugar otro acontecimiento igual de importante, relacionado con el ensanchamiento de miras. Las personas que desempeñan el liderazgo en puestos importantes con eficacia siempre han tenido una oportunidad, antes de ocupar estos puestos, de formarse más allá de la estrecha base que suele caracterizar a la mayoría de las carreras de gestión. Esta oportunidad suele ser consecuencia de movimientos laterales en su carrera, o de ascensos a puestos con tareas inusualmente amplias. En ocasiones ayudan otros medios, como el ser destinado a un grupo de trabajo especial o a un curso de gestión general de larga duración. Sea cual sea el caso, la amplitud del conocimiento desarrollado de esta forma parece ser útil en todos los aspectos del liderazgo. También lo es la red de relaciones que normalmente se adquiere dentro y fuera de la empresa. Cuando un grupo suficiente de personas consigue oportunidades como éstas, las relaciones que se establecen también ayudan a crear las redes informales con vínculos fuertes que son necesarias como soporte de las múltiples iniciativas de liderazgo.

Las empresas por encima de la media en lo que respecta a la creación de líderes conceden gran importancia a la creación de oportunidades desafiantes para empleados relativamente jóvenes. La descentralización es la clave en muchas empresas. Por definición, la descentralización traslada la responsabilidad hacia los niveles inferiores de la organización y en el camino crea puestos más retadores en estos niveles. Johnson & Jonhson, 3M, Hewlett-Packard, General Electric y muchas otras empresas muy conocidas han empleado este método con bastante éxito. Algunas de esas empresas también crean el mayor número posible de pequeñas unidades para disponer de abundantes puestos de gestión general de nivel inferior que planteen desafíos.

En ocasiones, estas empresas crean más oportunidades desafiantes dando importancia al crecimiento a través de nuevos producto o servicios. A lo largo de loa años,3M ha tenido la norma de que por lo menos un 25% de sus ingresos debería provenir de productos lanzados en los cinco años anteriores. Esto promueve operaciones arriesgadas de poca envergadura que, a su vez, ofrecen cientos de oportunidades para poner a prueba y exigir el máximo esfuerzo a jóvenes con potencial de liderazgo.

Estas prácticas pueden, casi por sí solas. Preparar a las personas para puestos de liderazgo de pequeña y mediana trascendencia. No obstante, formar personas para posiciones importantes de liderazgo requiere más trabajo por parte de los altos ejecutivos, a menudo durante un largo período de tiempo. Este trabajo comienza con la búsqueda de personas con gran potencial de liderazgo que están empezando su carrera, y con la identificación de lo que va a hacer falta para que se formen y se esfuercen.

Una vez más, este proceso no tiene nada que ver con la magia. Los métodos que emplean las empresas que consiguen buenos resultados son sorprendentemente sencillos. Se toman la molestia de hacer que los empleados más jóvenes y las personas de los niveles inferiores de las organizaciones entren en contacto con los niveles superiores de la dirección. De este modo, los directivos pueden juzgar por sí mismos quién tiene el potencial y qué necesitan desarrollar en esas personas. Los ejecutivos también debaten sus conclusiones provisionales entre ellos, para llegar a unas valoraciones más exactas.

Con una noción clara de quién tiene un considerable potencial de liderazgo y de qué habilidades es necesario desarrollar, los ejecutivos de estas empresas dedican su tiempo a planificar esa formación. En ocasiones estos planes se llevan a cabo como parte de un proceso de planificación de sucesión formal o de un proceso de desarrollo de alto potencial; a menudo, es algo más informal. En cualquier caso, el ingrediente esencial parece ser una valoración inteligente de las oportunidades viables de desarrollo que se adaptan a las necesidades de cada candidato.

Para animar a los directivos a participar en estas actividades, las empresas bien dirigidas suelen reconocer y recompensar a las personas que preparan a los líderes con éxito. Esta recompensa raramente se integra en un plan de compensación formal o en una fórmula de cálculo de bonificaciones, simplemente porque resulta demasiado difícil medir estos logros con precisión. No obstante, se convierte en un factor en las decisiones sobre ascenso, en especial a los niveles más altos y, aparentemente, tiene un gran efecto. Cuando se dice que los ascensos futuros dependen en cierta medida de la capacidad de fomentar el liderazgo, hasta que los que dicen que la capacidad de liderazgo es algo que no se puede desarrollar, encuentran formas de hacerlo.

Estas estrategias ayudan a crear una cultura empresarial en virtud de la cual las personas valoran el liderazgo fuerte y se esfuerzan en crearlo. De la misma manera que hacen falta más personas que desempeñen funciones de liderazgo en las organizaciones complejas.

Normalizar una cultura centrada en el liderazgo es la máxima expresión del liderazgo.dominan nuestro mundo hoy en día, también hacen falta más personas que desarrollen culturas que permitan crear ese liderazgo.

John Kotter es considerado por la revista BusinessWeek como el máximo gurú mundial en liderazgo y sus libros han vendido cerca de dos millones de copias.

La felicidad según Harvard

 

por Teresita Quezada Galarza

UNA de las conclusiones más emblemáticas de felicidad viene de un lugar inusual:

las autobiografías de juventud de monjas. A fines de los 90, más de 670 monjas de la congregación Escuela de Hermanas de Notre Dame aceptaron participar en un gran estudio del alzheimer. En el llamado Estudio de monjas, ellas harían el generoso sacrificio de hacer distintas tareas, prestarse para ejercicios, exámenes y mediciones de todo tipo, les permitían a los investigadores revisar sus documentos y registros y, finalmente, donarían sus cerebros a la ciencia al morir. En la revisión de archivos, los investigadores encontraron una carta de 1930 en que la madre superiora les pedía a las monjas que escribieran una pequeña autobiografía. Ciento ochenta monjas lo hicieron y, más de 50 años después un grupo de investigadores de la U. de Kentucky recuperó los relatos y codificó las frases de contenido emocional positivo.

¿Podría su disposición ante la vida predecir el futuro de las monjas? Sorprendentemente sí. En los resultados del estudio, las que escribieron más sobre estar contentas vivieron en promedio 10 años más que aquellas que las que relataron emociones negativas o neutrales. A los 85 años, el 90% de estas monjas estaban vivas, pero sólo el 34% de las menos alegres había sobrevivido.

Hemos creído largamente que es la salud, la riqueza, el éxito, lo que nos hace felices. Pensamos en la felicidad como una meta que se alcanza, como la consecuencia de factores externos que nos afanamos en conseguir. Pero Shawn Achor, sicólogo de Harvard y autor del libro La ventaja de la felicidad (2010), lleva décadas estudiando el tema y luego de analizar cientos de estudios -propios y ajenos- llegó a una conclusión inevitable: el éxito no nos hace felices; es la felicidad la que conduce al éxito.

Y lo coloca en cifras: sólo el 10% de la felicidad, dice, está dada por factores, como la pobreza, la riqueza, la salud o la enfermedad. “Claramente, las monjas no eran más felices a los 20 porque supieran que vivirían más”, escribe Achor. Para él, al observar a la gente, fácilmente se puede ver la misma fórmula: si trabajas duro serás exitoso y cuando seas exitoso serás feliz. Y la gente vive pensando “si consigo la meta de ventas seré feliz”, “si subo las notas seré feliz”, “si pierdo esos kilos seré feliz”: primero el éxito, después la felicidad. Pero esta fórmula está rota. Está al revés. Cuando se consigue una meta, rápidamente aparecen otras y la felicidad se pospone hasta encontrar una conformidad que, probablemente, no existe. Luego de más de 12 años de investigación en Harvard, Achor descubrió que la felicidad conduce y aumenta el éxito y que, más que ser una condición natural, la felicidad se aprende.

El Estudio de monjas coincide con las investigaciones de Harvard en que los estudiantes que eran más felices en su primer año de universidad tuvieron mayores ingresos 19 años después, independientemente de su riqueza inicial. También con que al predisponer positivamente a vendedores, las ventas suben 37%. “Pasa incluso con los doctores. Hemos encontrado que cuando están positivos diagnostican hasta 95% más rápido. Incluso, los niños de cuatro años hacen torres de bloques 50% más rápido cuando les han pedido que piensen en recuerdos felices previamente”, suma Achor, enumerando algunos de los cientos de investigaciones.

El cerebro optimista

Desde su oficina, donde ha diseñado la felicidad de los empleados de decenas de compañías de la lista Fortune 500, como Google, el MIT y la Unión de Bancos Suizos, el risueño Achor explica a La Tercera que la felicidad lleva al éxito y lo aumenta porque el cerebro funciona mucho mejor cuando está positivo. “Tanto es así que, estadísticamente, sólo el 25% del éxito se puede explicar con el CI; el resto de los indicadores (el optimismo, el apoyo de una red social y enfrentar el estrés como un reto) está relacionado con la felicidad”, dice.

Cuando el cerebro está positivo libera principalmente dopamina, un neurotransmisor que provoca placer, y serotonina, otro que disminuye la agresión, mejorando el humor y el apego. Estas hormonas, además, encienden los centros de aprendizaje en el cerebro, que permiten adaptarse al mundo, a los distintos desafíos y resolver problemas. Achor da un ejemplo. “Si estás estresado por una prueba y la rindes, luego de dos días no recuerdas lo que estudiaste; pero, si lo haces aprendiendo una canción que te gusta, lo recordarás por tres décadas. El sistema de felicidad permite recordar esa información”, dice. Aumentan las conexiones neuronales y el desempeño mejora un 30%.

No es todo. Las investigaciones de Achor también llegan a otra conclusión: la felicidad es una forma de vida que se aprende y se ejercita.

Lo primero que hay que cambiar es la forma de ver el trabajo, como algo que se hace sólo para ganarse la vida o el precio al que vendo mi tiempo libre. Distintos estudios han demostrado que el trabajo es más que la forma de conseguir recursos para una persona, sino también la forma en que se desarrolla, participa e interactúa con el mundo. Por lo mismo, mirar el empleo como parte de una carrera ayuda a retomar la perspectiva. Y lo mismo se puede hacer con las tareas diarias, entendiendo su funcionalidad.

Revertir el efecto Tetris

Los más viciosos lo reconocen inmediatamente. Si una persona pasa toda una tarde jugando Tetris, cuando suelte el videojuego, su mente seguirá durante horas tratando de encajar los bloques en todos los espacios que ve a su alrededor. Lo que pasa es que su cerebro, con o sin la pantalla, sigue jugando Tetris. “Es como funciona el cerebro. Se adapta a una tarea y sigue haciéndola también en otros contextos. Lo mismo pasa con el trabajo”, dice Achor.

Muchos ingenieros y abogados, por ejemplo, se dedican a identificar errores que deben corregirse y, tal y como sucede con el jugador de Tetris, se atoran en la tarea incluso cuando hablan de su vida y sus hijos siguen buscando falencias. “Este patrón de acción no les permite ver las cosas por las que están agradecidos, lo que les gusta. Buscan los errores”, agrega. Pero este efecto se puede revertir entrenando al cerebro para hacer lo contrario.

Los distintos estudios de Achor en Harvard y en las empresas que ha estudiado y asesorado, en más de 45 países, han demostrado que la felicidad se trabaja y, sin mucho esfuerzo, se obtiene. “La felicidad es también una ética de trabajo”, dice. En un estudio que Achor está por publicar en Harvard hicieron que recolectores de impuestos pensaran en tres cosas por las que estuvieran agradecidos cada día por 21 días. Seis meses después, eran significativamente más optimistas, cuenta el investigador: “Su cerebro comienza a hacerlo automáticamente. Puedes empujar así la felicidad y funciona. Pero debes practicar”.

La inversión social

Otro esfuerzo, aún más agradable, es el de mantener las relaciones sociales lo más significativas posibles. “El apoyo social es el más grande predictor de éxito. El punto de correlación estadístico que hemos encontrado es incluso mayor al que existe entre el cáncer y fumar”, dice Achor. No se refiere a una red social amplia y contactada, sino a una de mejor calidad. Tener una buena relación con las personas con las que trabajas, almorzar con ellas, estar cerca de la familia y hablar con los amigos. En distintas investigaciones han observado que cuando las personas están bajo presión tienden a aislarse y dedicarse sólo al trabajo. “Entonces, empiezan a comer solos, a ver menos a los amigos y la familia, y el nivel de felicidad baja enormemente, al igual que las probabilidades de éxito, algo que es muy común cuando alguien tiene un nuevo trabajo”, explica el sicólogo.

En sus trabajos con banqueros y corredores de Bolsa en Wall Street, gente que tiene muy poco tiempo disponible, la solución con mayores resultados para que no abandonen sus conexiones sociales más profundas ha sido que en la mañana, apenas abren sus correos, manden mails a dos personas que quieran, con mensajes positivos de agradecimiento. “Cuando vemos algo o lo recordamos y pensamos en ello, en nuestro cerebro se encienden las mismas zonas. Esto quiere decir que para nuestro cerebro no hay mucha diferencia entre imaginar, recordar y ver. Por lo que recordar lo bueno es tal y como vivirlo de nuevo. Duplicamos la experiencia positiva”, dice el experto.

“Mientras más inviertes y más tiempo pasas con tus amigos, familia, y almuerzas con tus colegas en el trabajo, tus niveles de productividad permanecen altos incluso bajo estrés. Es un efecto dominó. Es lo que llamamos la inversión social: no es sólo para complementar la vida, efectivamente nos hace más exitosos que la inteligencia, la belleza o cualquier otra cosa”, asegura Achor, entusiasta.

La ley de los 20 segundos
Cuando la gente trata de crear cambios duraderos, el error más común es confiar en la fuerza de voluntad, dice Achor. En su libro La ventaja de la felicidad, aconseja hacer los hábitos positivos 20 segundos más fácil y los malos hábitos, 20 segundos más difícil. Por ejemplo, poner todas las comidas “malas” en un estante alto y las “buenas” a la altura del brazo. Eliminar los obstáculos a sus buenos hábitos. El cerebro aprende por hábito, y siguiéndolo durante 21 días seguidos, ya habrá un aprendizaje. Lo mismo se puede hacer para mantener las relaciones sociales, pensar positivo y enfrentar positivamente los retos.

Fuente: La Tercera

La tranquilidad que muestran los japoneses tiene bases milenarias

El respeto hacia los otros, dar el máximo esfuerzo siempre y no temer a la adversidad les ayuda a enfrentar ésta y otras crisis.

B. Villa y Y. Kiessling

Las imágenes del terremoto y maremoto en Japón no sólo han llamado la atención por la magnitud del daño, sino también por el estoicismo que ha mostrado su pueblo luego de la tragedia.

A diferencia de Chile y otros países que han vivido catástrofes similares, los nipones han sido capaces de mantener la calma y sobreponerse al terror que vivieron.

Esta tranquilidad tiene su base en factores culturales y sociales que han determinado la idiosincrasia japonesa y que datan de hace más de dos mil años.

Son regidos por ciertos preceptos que les enseñan desde niños y que los obligan a comportarse de la manera correcta. Uno de ellos es el “Gaman”, que tiene que ver con la capacidad de sobrellevar con paciencia y dignidad lo que parece insoportable.

Como complemento de lo anterior está el “Gambaru” o la necesidad de hacer el mejor esfuerzo. “Su sociedad se basa en esos dos conceptos, romper la adversidad y dar el mejor esfuerzo. Y esto se les enseña en todo contexto: escuela, trabajo, deportes, etc., y permea a toda la sociedad”, explica Luis Díaz, presidente de la asociación de ex becarios en Japón.

Esto mismo también explica otra conducta de los nipones: pese a la magnitud del desastre, la pérdida de bienes materiales y la falta de alimentos, no se han producido robos ni saqueos. Un cuadro impensable en esta cultura, donde la empatía siempre estará por sobre cualquier necesidad, debido al gran respeto que sienten por el otro.

“El japonés le da un inmenso valor a lo comunitario, pero también un gigantesco respeto a la individualidad. Confían en que la ayuda va a llegar porque hay alguien que está trabajando para eso y no se va a olvidar de ellos”, explica Sergio Carrasco, historiador de la Universidad de Chile.

Por este mismo respeto hacia el prójimo es que evitan llorar en público. Según la creencia japonesa, expresar sus sentimientos de dolor o llanto puede atraer energías negativas que van a afectar a sus cercanos y ofender a sus ancestros, en una cultura que es muy preocupada por la tradición.

Fuente: Diario El Mercurio de Chile

 

 

Discurso de Steve Jobs en Standford

El año 2005  invitaron a Steve Jobs a dar un discurso a los graduados de la universidad Standford. Lo que se suponía sería un discurso placentero, se transformó en una gran cátedra de liderazgo y de recetas, no sólo de negocios, sino también de vida.

Un buen resumen autobiográfico de unos de los líderes tecnológicos del momento.

The Last Castle, un ejemplo de liderazgo

Hollywood puede significar muchas cosas para muchas personas. Entretención, industria, poca profundidad y un sinnúmero de adjetivos que pueden ir en su favor y también en su contra. Sin embargo, de vez en cuando nos da ejemplos muy precisos de aspectos y motivaciones humanas.

Uno de los factores más utilizados en las películas de Hollywood es, sin duda, el liderazgo. Miles de películas, buenas, regulares y malas, nos muestras de una y otra manera diferentes tipos de liderazgo. Corazón Valiente, El Señor de los Anillos e incluso Caracortada son todas muestras extremas de lo que el liderazgo puede conseguir.

Lo mismo sucede con The Last Castle (dirigida por Rod Lurie -2001-), una película que nos muestra como el liderazgo es capaz de organizar a las personas bajo una meta común. Con las actuaciones de Robert Redford y James Gandolfini entre otros, la película narra como un general del ejército norteamericano acusado de la muerte de su equipo por desobedecer órdenes, logra la admiración y el liderazgo en un penal exclusivo de militares.

Algunas consideraciones a la hora de hablar de liderazgo: Cabe señalar que es fácil para el General Eugene Irwin llega a obtener el respeto de sus “subordinados”, esto, no sólo por su grado, muy superior a todos en el recinto, sino que también por la fama que lo precede. Sin embargo, ocupa esto no en su beneficio, sino que en el beneficio de los reclusos que le piden su actuación.

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